5 agosto 2026

De productor a productor: cómo las ECAs están transformando el manejo del suelo en el cultivo de caña de azúcar

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De productor a productor: cómo las ECAs están transformando el manejo del suelo en el cultivo de caña de azúcar

La confianza, más que la instrucción técnica, es el factor que acelera la adopción de prácticas sustentables en el campo. Esa es una de las principales lecciones que dejan las Escuelas de Campo para Agricultores (ECAs), una metodología de aprendizaje participativo que Proforest impulsa en zonas de abasto productoras de caña de azúcar, y que está fortaleciendo capacidades locales, promoviendo la agricultura regenerativa y construyendo comunidades productivas más resilientes.

El aprendizaje entre pares acelera el cambio

El mensaje central que emerge de la experiencia con las ECAs es claro: cuando un productor comparte resultados reales obtenidos en su propia parcela, el efecto sobre otros productores es distinto al de cualquier capacitación técnica convencional. La evidencia directa reduce el miedo al cambio y construye la confianza necesaria para que nuevas prácticas se adopten con mayor rapidez.

Las ECAs son espacios donde los productores de caña de azúcar aprenden, comparten y experimentan juntos, generando un puente entre el conocimiento técnico y la realidad cotidiana del campo. A través de recorridos, demostraciones, experimentación conjunta y discusiones grupales, los participantes intercambian resultados, retos y lecciones aprendidas, lo que permite que las innovaciones sean evaluadas y adaptadas a las condiciones locales antes de su adopción generalizada.

La cobertura del suelo, la práctica con mayor impacto

Entre las distintas prácticas regenerativas que se comparten en las ECAs, mantener la cobertura del suelo con residuos de cosecha se identifica como una de las de mayor impacto. Esta práctica cumple varias funciones simultáneas: conserva la humedad, reduce la erosión, protege la actividad biológica del suelo, incrementa el contenido de materia orgánica y disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero al evitar la quema de residuos.

Su relevancia radica también en su accesibilidad: al aprovechar recursos ya disponibles en la propia parcela, se trata de una práctica que la mayoría de los productores puede implementar sin necesidad de inversión adicional significativa, generando beneficios tanto productivos como ambientales.

A esta práctica se suman otras enfocadas en la regeneración del suelo, como el uso de biofertilizantes, compostas y productos biorracionales, que además de ser compatibles con el medio ambiente, representan una alternativa viable para reducir costos de producción frente a los insumos convencionales.

Resultados que respaldan el cambio de prácticas

La adopción de estas prácticas ya está generando resultados medibles. Una productora que implementó agricultura regenerativa en su parcela logró incrementar su producción en 35 toneladas de caña por hectárea, en comparación con el ciclo anterior bajo manejo convencional.

Otros productores que comenzaron a dejar la paja de caña sobre el suelo e incorporar compostas han reportado, después de varios ciclos productivos, una mejor conservación de la humedad durante los periodos secos, mayor actividad biológica y mayor facilidad para trabajar el suelo. Este tipo de evidencia, surgida de la observación directa de los propios productores, resulta particularmente valiosa porque es la que finalmente impulsa a otros a adoptar prácticas similares.

Un impacto que trasciende el cultivo

El resultado de este trabajo va más allá de la productividad agrícola: impacta directamente el suelo, el agua, la biodiversidad y las generaciones futuras que dependerán de estos sistemas productivos. Al fortalecer capacidades locales y facilitar el intercambio de conocimiento entre productores, las ECAs contribuyen a construir comunidades productivas más resilientes frente a los retos ambientales y climáticos que enfrenta el sector de la caña de azúcar en las zonas de abasto donde opera Proforest.